Vivir y crecer.
He vivido tantas vidas que a
veces al mirar al espejo no reconozco a la persona que tengo frente.
No hablo de reencarnación, hablo
de etapas, de crecer, del paso de tiempo por mi mente y sobre todo por mi
cuerpo, porque pese a no vivir tanto, han sido 28 otoños en
los que he expresado y guardado mucho, que me encuentro al borde de solicitar
un retiro.
He sido tantas personas en este
cuerpo, que mi profesión es solo un adorno que ocupa una oficina la mayor parte
de las horas del día.
Hablo de ser protagonista como
hija, hermana, amiga, prima, sobrina, estudiante en un lugar y estudiante en
otro lugar; como universitaria, practicante, misionera, maestra, payasa,
artista, fotógrafa, novia, amiga especial, trabajadora, cesante, psicopedagoga
y sin contar los personajes secundarios en los que he quedado a ratos estancada.
He viajado con mi mente por
tantos lugares, que las millas de mis sueños darían la vuelta por esta galaxia
ida y vuelta.
Reflexiono en las camaleónicas
emociones, aprendiendo a reconocerlas, a sentirlas en cada una de mis órganos,
a expresarlas al extremo y pese a estar expuesta a ellas aún no logro dominar al
caliente enojo, del escalofriante miedo, la envolvente tristeza, el incómodo
asco, la eufórica y apreciada felicidad. Sin tomar en cuenta que una vez al mes
me hago presa de todas ellas al mismo tiempo.
He convivido con diferentes
personas que al final de cada estación, me quedo sentada en un vagón sola, mirando
por una ventana con la esperanza de que alguien suba en la próxima parada.
Estuve, estoy y estaré rodeada de
seres diferentes, que a ratos tienen un aspecto similar entre ellos y en cada
paso interactúan tanto conmigo que me he mimetizado, expuesto, volviéndome vulnerable,
enmascarada, desnuda, armada, sincera y perdida; así mismo, he absorbido esencias
de otros, mientras otros han quitado esencias de mí, obligándome a
reconstruirme después del abandono.
He vivido tantas vidas, que pese
a repetir cíclicamente este juego, aún
no logro reconocer el comienzo de una y el término de otra.
He jugado tantos papeles y
memorizado tantos libretos, que hoy sobrevivo cual heroína luchando para no ser
la secundaria de nadie.
He sentido tanto, que me he
convertido en océano Atlántico,
Pacífico, Índico, Ártico y Antártico. Manteniendo mi fobia hacia ellos.
He estado tan acompañada y sola,
que tome la acostumbre de despedirme como si las personas fuesen meras
estrellas fugaces.
Estoy viviendo y creciendo.


Comentarios
Podrias decir como Neruda " confieso que he vivido " yo casi te doblo la edad, tengo mil vidas en mi cuerpo y mente pero pese a todo nunca ha dejado de ilusionarme ls vida, debe ser que siempre espero algo mas, lee mi nombre y sabras porque querida amiga. La vida es aprendizaje y en tu texto hay mucho de eso , que puedo decir , solo ¡ vive a concho!, Saludos